Hoy he descubierto una autora que ha resultado ser original, refrescante y altamente adictiva por su frescura al narrar. Alejandra Beneyto (Alicante, 1990). Su curiosidad acerca de la complejidad de las relaciones y de los vínculos que unen a las personas la llevó a estudiar Psicología. Años más tarde, descubrió que su verdadera pasión era escribir sobre ello y dio un giro a su vida para buscar la manera de compaginar su trabajo con la escritura.
En Crossbooks, ha publicado “Ese quizá llamado nosotros” y las novelas estacionales “La luz de todos nuestros otoños” y “El verano que fuimos libres”, este último título es el que he podido disfrutar gracias a Masa Crítica de Babelio.
Si me preguntáis porque escogí esta lectura os diré que me llamo la atención su portada, un dibujo a color, una cafetería, un chico y una chica que se hablan con la mirada. Un encuentro que puede o no ser casual, algo en ella me invitó a querer estar en una mesa cerquita y ver como evolucionaba esa conversación.
Sus cantos decorados con motivos marinos y veraniegos de color pálido nos un detalle que primero quizás no encaje pero esta novela esconde un secreto que voy a compartir con vosotros, si sacáis la tapa por el otro lado hay otra diferente, vosotros sois quienes decidiréis que portada dejar en vuestra biblioteca.
Nuestros protagonistas son Wes y Elise que se cruzan una noche de verano en la playa de Santa Mónica. Dos personalidades totalmente distintas, Elise es dinámica y se fija en la camiseta de Wes, al final entablan una conversación y aunque pertenecen a mundos distintos, entre ellos surge una conexión que permanecerá viva en sus recuerdos a pesar de que deben decirse adiós.
Cuando se reencuentran años después, los dos están atrapados en sus propias vidas. Ambos quieren escapar, pero no saben cómo. Un cruce de caminos entre dos trenes que por casualidades de la vida o por motivos del destino se irán reencontrando.
Los caminos de Wes y Elise se cruzan una y otra vez a lo largo del tiempo hasta que aprenden que el destino no existe y que el futuro es una página en blanco en la que solo ellos pueden escribir el final.
Quizás si os lo planteo así pensareis que es una novela más de encuentros y desencuentros, de un amor forjado en recuerdos, de un sueño que parece inalcanzable, pero, y este pero debería estar en mayúsculas, no es así, los personajes tienen profundidad, los capítulos cortos y rápidos nos muestran más una conversación que una narrativa, te encuentras entre dos amigos a los que te apetece dar el empujón final para que estén juntos, es una historia maravillosa.



