dilluns, 8 d’octubre de 2018

La Madona de los coches cama

No sé quién me ha sorprendido más esta vez, si el autor o su obra, supongo que en este caso son un compendio por igual que me ha fascinado de principio a fin.

La Madona de los coches cama de Maurice Dekobra es una novela adelantada a su tiempo y que ahora tenemos el placer de descubrir de la mano de la Editorial Impedimenta.

Una novela escrita en 1925, los felices años veinte y que nos planteará una trama de espías, peligros, romances, amores prohibidos, venganzas y mucho sentimiento.

La idea de la trama parece ser bastante sencilla y lineal pero cuando empezamos a leer descubrimos la riqueza de sus matices, las brillantes descripciones y la profundidad de sus personajes, llegando a mostrar dos caras muy distintas de la sociedad.

Narrado en primera persona por el Príncipe Gérard Seliman, el fiel valet de Lady Diana Wynham descubriremos a dos protagonistas antagónicas que nos transmitirán alegría y agonía.

Lady Diana es una aristócrata inglesa que está harta del esnobismo y la frivolidad de su clase, es una mujer excesiva y le divierte ponerlos en jaque, es capaz de bailar desnuda en una gala benéfica, hablar claro sobre su sexualidad y dilapidar su fortuna, pero todo lo divertido y caro se termina, así que no le queda otra que recuperar unos campos de petróleo de su difunto marido para poder vivir su estilo de vida.

Ahora estos campos están en manos de los bolcheviques y será el Príncipe Gérard Seliman el encargado de recuperarlos. Aquí es cuando la trama empieza a complicarse y a transformarse de lo que podría haber sido un vodevil a un thriller de espías.

En esta segunda parte conoceremos a su antagonista, Irina Muravieva, una mujer cruel y despiadada, una torturadora y asesina, un personaje rodeado de un aura claustrofóbica y densa.

Una trama que parece ir componiéndose por piezas y que encajan al final de una manera perfecta.

Me ha sorprendido la prosa rica en diálogos y como, teniendo en cuenta la época en que fue escrita, como un hombre no solo desarrolla una de las primeras obras de espías sino que sabe ponerse en la piel de una mujer sin tapujos en temas de sexualidad.

En este contexto hay que felicitar a la traductora Luisa Lucuix Venegas por ser tan fiel al original.

Si soy sincera lo que me llamó la atención de esta novela fue la descripción que leí sobre su autor a quien se etiquetaba como bon vivant, amante de Rita Hayworth, amigo de Chaplin y quizás uno de los modelos para ser Tintín de Hergé.

Un hombre interesante en sí mismo, cosmopolita, viajero y que partiendo de uno orígenes humildes llegó a lo más alto, eso sí, después de cambiarse el nombre según la recomendación de una vidente africana. 

Os dejo sus primeras páginas para que juzguéis por vosotros mismos.