divendres, 21 de setembre de 2018

Una heredera con muy malas pulgas


Después de leer “Mi perfecto sapo azul” me enamoré de la portada de Una heredera con muy malas pulgas. Una portada que juega con un color rosáceo y el azul oscuro mostrando una mujer altiva, que parece más que esta desfilando que paseando al perro sobre unos stilettos de vértigo.

Y si le añadimos que nuestro personaje masculino es hermano de “doña perfecta” de su novela anterior, ya está la historia vendida.

Silvia García Ruiz nos presenta a Victoria, una joven abogada que inicia su carrera y en la que se siente frustrada y no muy bien valorada dado que su apellido pesa más que sus logros.

Ser una Wilford es un lastre, eso sin olvidar la convivencia con su tía Mildred y Henry, el protegido de su tía, aunque la revelación de quien es realmente es sublime.

Victoria quiere alejarse de esa cas y la última condición para lograrlo es aceptar la petición de su tía de comprarle una casa a Henry en Whiterlande, un pequeño pueblo donde todos se conocen y los cotilleos corren más que la pólvora.

Por causas del destino Victoria deberá “convivir” durante tres meses con Dan Lowell, el veterinario cañón del pueblo, y realmente lo suyo es odio a primera vista, son como dos imanes que se repelen continuamente.

La autora al principio de la novela nos habla de la infancia de los dos, hecho que nos lleva a comprenderlos un poco mejor. 

Dan se prometió tres cosas, ser veterinario, no se casaría con alguien de carácter fuerte como su madre y jamás se enamoraría.

Victoria se siente inferior, le han roto el corazón y no piensa caer de nuevo en la trampa del amor.

El dilema ya está servido, ninguno quiere enamorarse pero se enamoran y aunque lo nieguen y pongan todos los impedimentos, el destino es el destino, aunque el camino no será fácil.

Booket nos presenta una historia romántica, con toques psicológicos en sus personajes, con sus momentos picantes y mucha ironía. Una trama bien hilvanada, rica en diálogos y situaciones caóticas. Eso sin olvidar a un personaje que no habla pero dice mucho, el perro.

Me ha gustado como juega con los roles y exagera algunas personalidades, es ágil, atrapa al lector y al terminarla tienes una sonrisa en la cara.

La cuestión es ¿Podrá el amor más que el dinero?