dijous, 22 d’octubre de 2015

La fiesta de la insignificancia



Por María Valle Viña


Proyectar una luz sobre los problemas más serios y a la vez no pronunciar una sola frase seria, estar fascinado por la realidad del mundo contemporáneo y, a la vez, evitar todo realismo, así es la novela que hoy os presentamos La fiesta de la insignificancia

Quien conozca las obras de Milan Kundera sabe que en él no son en absoluto inesperadas las ganas de incorporar en una novela algo no serio. En esta novela Kundera ve por fin plenamente cumplido un viejo sueño estético, que puede leerse como un sorprendente resumen de toda su obra. 

Milan Kundera nació en República Checa en 1929. Actualmente vive en Francia. En su lengua materna escribió, el volumen de cuentos “El libro de los amores ridículos” y las novelas “La broma”, “La vida está en otra parte”, “La despedida” y “La inmortalidad”, entre otras. Ya en francés, las novelas “La lentitud”, “La identidad” y “La ignorancia”; la obra de teatro en tres actos “Jacques y su amo. Homenaje a Denis Diderot”; y cuatro ensayos: “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados”, “El telón” y “Un encuentro”. Actualmente y después de muchos años sin aparecer nos presenta La fiesta de la insignificancia.
 
El diario Le Monde la define como “Una fiesta de la inteligencia” y no es para menos, en la última novela de Kundera encontramos una novela brillante que se centra en nuestra época, que resulta cómica porque ha perdido todo su sentido del humor. Un relato de dobles sentidos, profunda, divertida y cómica centrándose en la seriedad. 

Una novela que consigue ser frívola, que busca y consigue expresar lo banal y dejar de lado lo solemne aunque en sus entresijos se encuentren las ideas de la soledad y la muerte. Una magnífica ironía sobre el ser humano. 

Nos acerca el relato Tusquets Editores en una edición de 138 páginas, con una portada y contraportada sobria y sencilla, con una ilustración del propio Milan Kundera

Todo un deleite para la inteligencia, un libro que no podéis dejar pasar de largo. Acabo con la invitación que encontrareis en la contraportada del libro: “¿Qué más puede decirse? Nada, ¡Lean! 


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