dimecres, 22 de març de 2017

Entrevista Xulio Ricardo Trigo



Hoy os presentamos la última novela de X. R. Trigo, uno de los padrinos de este blog y un escritor sin igual.
Amante de la literatura, de la historia, de la fotografía y de cualquier muestra de arte tiene siempre los ojos abiertos y las orejas preparadas para nutrirse de nuevas historias para poder contar y acercárnoslas con su prosa poética y majestuosa.


Gracias a su última novela titulada El objetivo del crimen conoceremos a Erika Ernemann. Una mujer con una gran historia a la que el autor homenajea en esta obra.

Esta novela policiaca que nos ofrece Ediciones B es el detonante de una saga que va mucho más allá del género detectivesco y policial y nos muestra el toque histórico que tan bien narra dicho autor y le sirve como marco de fondo para rendir tributo a una mujer que es un ejemplo de superación, coraje y valentía.

Como si de fotografías se tratara esta mujer revivirá imágenes que han cambiado su vida y verá como hay cicatrices que han cerrado y otras que siguen sin sanar.

Es increíble lo cercana que es esta novela; la trama, Erika, los enigmas, la fotografía… Todo está en su justa medida para hacer de este libro una obra de arte a tener en cuenta y que seguro será un éxito el próximo San Jordi.

Solo hay una combinación posible: literatura más fotografía es X. R. Trigo.



¿Cuándo sentiste que el mundo de la literatura te estaba esperando?  La verdad es que desde muy pequeño, durante los viajes con mis padres, ya llevaba conmigo un cuaderno de notas y una cámara, una Kodak esencial, la Fiesta, que necesitaba pequeñas bombillas de un solo uso cada vez que querías hacer una fotografía en interiores. Pero, para contestar más certeramente tu pregunta, te diré que empecé escribiendo cuentos y lo que yo llamaba ensayos. La ficción fantástica, Poe, Lovecraft, ocupó buena parte de mi adolescencia y, poco después, la gran literatura sudamericana de los 60-70 – Onetti, Cortázar, Borges, Macedonio…

Fotógrafo y escritor. ¿Qué te atrae más de cada género? ¿Qué te aporta cada uno? Durante muchos años he considerado que la fotografía me completaba como escritor. De hecho una de mis maneras de documentarme es hacer centenares de fotografías de los escenarios donde luego pasaran mis novelas. Mi padre es pintor y la imagen ha tenido una importancia capital en mi vida desde siempre. Diría que la fotografía captura instantes en el tiempo y la literatura los desarrolla. No obstante, también es posible explicar historias a través de la fotografía y sentirse atrapado por los colores o las formas.

¿Es cierto que una imagen vale más que mil palabras? ¿Cómo lo vives como autor en ambos campos? Creo que a pesar de cómo se comunican entre ellas son dos disciplinas artísticas diferentes. Aunque existen maridajes muy interesantes, con mucha frecuencia desconfío de la fotografía que necesita palabras para enfrentarse al mundo y viceversa. Son lenguajes que han de darlo todo para conmover los lectores o los espectadores; cuando se juntan ya forma parte de un experimento, a veces feliz, otras no tanto.

¿Qué es aquello imprescindible para ti a la hora de escribir? Tener una historia que explicar, unos personajes interesantes a los cuales conozca como si fueran mi propia familia y leer continuamente, ver películas o series, alimentar mi ansia de ficción.

Imagina que pudieras hacer un viaje en el espacio y el tiempo y organizar una cena con grandes escritores. ¿Quiénes serían los invitados? Serían bastantes los invitados y entonces quizá empezaría a dudar de su efectividad. Pero como imprescindibles, un gran conocedor de cómo se distribuyen los espacios en literatura, como W. G. Sebald; un escritor fascinado por la vida interior de los personajes, como Juan Carlos Onetti, y, naturalmente, alguien capaz de descubrir la belleza y la tensión del lenguaje, como Clarice Lispector. 

¿Qué te es imprescindible a la hora de escribir? ¿Y a la hora de captar el momento con la cámara? Para escribir, una cierta organización mental que se produce después de muchas horas de estudio y análisis de lo que quiero hacer. Para hacer fotografías que realmente me importen, concentrarme en que no existe nada más allá de los márgenes del visor de la cámara. Cualquiera de estas premisas, no obstante, tiene sus propias contradicciones que, a veces, dan lugar a maravillosos y felices hallazgos.

¿Qué te gustaría saber hacer mejor? No puedo responder a cuál es la disciplina que más me satisface, depende del momento, de aquello que quiero expresar. Entonces elijo una u otra y siempre pongo todo lo que sé para que el resultado merezca la pena. Que una novela quede en el corazón de los lectores y lectoras es fascinante, pero también que perviva una imagen a pesar del paso del tiempo, como aquella de Cartier Breson donde se ve una bicicleta que pasa veloz al final de unas escaleras y que sirve como símbolo en la novela. 

¿Cómo te gusta relajarte? Hacer fotografías en la naturaleza me relaja mucho. Leer buenas novelas o descubrir nuevos lugares con mi pareja, la escritora Coia Valls. Alimentarnos juntos de nuevas sensaciones y, más tarde, ponerlas sobre la mesa y discutirlas. También la música y una cena tranquila con amigos.  

Un libro que te haya inspirado… En fotografía podría nombrar muchos, pero por ejemplo Leer, de André Kertész, con imágenes maravillosas de gente leyendo. En literatura, entre muchos otros, la maravillosa crónica literaria que es Praga en tiempos de Kafka, de Patrizia Runfola.

¿Cuál sería tu frase para colgar en la pared? Deja que me ponga clásico y elija una de Hesíode: “El amor es el arquitecto del universo.” Y también una de Plutarco: “La perseverancia es invencible.”

La fotografía y la literatura se dan cita en tu nueva novela titulada “El objetivo del crimen”. ¿Crees que tu personalidad se puede ver reflejada en la historia a través de tus grandes pasiones? Creo que ese reflejo es inevitable en toda obra de ficción. Escribes a partir de lo que eres, de quién eres, de tus experiencias, de tu forma de enfrentarte a la vida. Por otra parte, pienso que un libro vale la pena cuando es capaz no solo de reflejar tus convicciones, también de poner sobre la mesa elementos suficientes para que el lector pueda convocar sus propias vivencias y así completar la obra. Todo lenguaje, fotografía, literatura, etc., necesita alguien que sepa leerlo y lo interprete. En ese sentido, también el lector lee desde su experiencia y necesita puentes que lo transporten a la ficción. El gran desafío es que el lector/espectador se vea animado a compartir contigo la experiencia creativa. 

¿Qué pensaste al descubrir la historia de Erika Ernemann? Desde hacía mucho tiempo que le daba vueltas a una necesidad, la de reunir las dos disciplinas, fotografía y literatura, en un libro. Es cierto que podría haber hecho un libro con fotos y poemas, por ejemplo, que quizá acabaré haciéndolo, pero cuando conocí a Erika Ernemann y escuché su historia me di cuenta que era la oportunidad esperada. 

¿Cómo te sientes al darle voz a una mujer tan especial y a todo lo que ha vivido? Ha sido un proceso difícil. Al principio, a pesar de compartir su historia conmigo, no me dio permiso para utilizarla, por más que yo le expliqué cómo tendría que ficcionarla para convertirla en un argumento atractivo para los lectores. Después, cuando le propuse dar a conocer su existencia a través de un seudónimo, se sintió más conforme. Aunque físicamente se encuentra muy bien, es una persona mayor que quiere vivir tranquila estos últimos años y continuar con su pasión sin cortapisas, hacer fotografías.
Me siento agradecido, pero también me doy cuenta que tengo una gran responsabilidad explicando su historia. No me gustaría decepcionarla. Por suerte, le ha gustado el primer libro de la serie y confiesa que se ha divertido viéndose convertida en personaje de ficción.
La invención del seudónimo también ha permitido que acceda a mostrar algunas de sus fotografías en perfiles de Instagram o Twitter que yo mismo le administro. La verdad es que me siento afortunado.

¿Qué es más difícil: escribir a partir de una historia real o partir de cero desde la propia imaginación? Es imposible partir de cero. Siempre necesitas todo lo que acumulas en tu experiencia para narrar. Somos lo que leemos, lo que vivimos, las historias que nos explican o que vemos en el cine o en la televisión… Todo esto es Borges, cómo nos habla que la experiencia como un conjunto de vivencias, “reales” o no, que acaban mezclándose en la memoria. Cuando escribes, las convocas, y solo así puedes seguir adelante. Más que la historia, pues, cuando el personaje es una persona viva, que ya tiene una historia previa a la que tú puedes imaginar, todo resulta más difícil. Pero si los resultados son del agrado de todos la satisfacción es enorme.

¿Qué canción crees que podría expresar los días de Erika? Yo no te diría una canción sino una música, la de Shostakovich. Me ocupo la mente desde el primer momento, sobre todo la sinfonía número 7, Leningrado. Pero no me preguntes los motivos, son asociaciones difíciles de explicar. 

¿En qué os parecéis Erika y tú? Sin duda ella me supera en muchísimas cosas, pero me gustaría parecerme a Erika en su pasión por la fotografía, en su búsqueda de imágenes cada vez más impactantes, en cómo quiere dejar constancia fotográfica de las cosas que le importan.

En la actualidad hay muchos escritores mediáticos. ¿Crees que los verdaderos escritores como tu tenéis que justificaros aún más por el trabajo que desempeñáis? No siento que me tenga que justificar, pero se debe tener en cuenta que escribir o fotografiar tiene siempre una segunda parte que es el diálogo con el lector o con el espectador. Como premisa, no debes explicar obras, porque ellas no deben necesitarte. Si te necesitan quiere decir que son intentos fallidos. Pero el encuentro entre el emisor y el receptor abre nuevas vías, nos enriquece como personas y conecta mundos. En muchas ocasiones resulta positivo. ¿Qué te acabo de decir una contradicción? Sí, pero es que nadie puede creer que las cosas son blancas o negras. Mira las grandes fotografías en blanco y negro; si las observas detenidamente, te das cuenta que en realidad su fuerza reside en una gama infinita de grises.

¿Qué te compensa más: el éxito de ventas, el éxito de crítica o el seguimiento fiel de tus lectores? Lo único que realmente compensa el enorme esfuerzo de escribir es aquel momento en que aparece un lector o lectora y te dice: “¡Me he sentido tan a gusto dentro de tu novela!” Esa sensación de haber creado un mundo donde los lectores se pueden retirar por unas horas, vivir otras vidas diferentes a las suyas… Eso nos compensa.

Si te prohibieran escribir y no te dejaran hacer fotos… ¿A qué te dedicarías? Quizá me dedicara a mirar, a pasear por lugares que me gustan. O tendría muy presente las palabras de la gran fotógrafa Annie Leibovitz. En una ocasión, hablando de sus primeras fotografías, dijo que eran como sueños que había enmarcado dentro de unos límites muy concretos, las ventanas del coche de sus padres, con el que siempre iban de un lado para otro. Los marcos de las ventanas sirvieron para construir sus primeras fotografías, unas imágenes que no eran reales, pero que han pervivido en su memoria como si lo fueran. Por tanto, quizá me sentara en el interior de algún coche abandonado y fuera enmarcando la vida de esta manera.  

¿Cómo imaginas la Diada de San Jordi de este año? Puestos a soñar, que cada lector lleve un libro mío bajo el brazo… Es broma, ningún escritor puede aspirar a escribir para todo el mundo, eso querría decir que la simplificación y la uniformidad habrían vencido. En el fondo lo que deseas es que este maravilloso diálogo entre autores y lectores no acabe nunca, que se ensanchen sus límites y que todos podamos disfrutar en un día tan especial.

Para finalizar nos gustaría que contestaras a la pregunta de la casa. ¿Cuál es aquella pregunta que nunca te han hecho y crees que has de responder? ¿Nos la puedes contestar?

Me han hecho muchas y muy variadas, pero quizá pregunten poco por cómo se enfrenta un creador a sus propios límites. Cualquier tipo de creación te obliga a trascenderlos y eso supone forzar todas las costuras, inventar maneras para asaltar los cielos. Es evidente que pocas veces lo consigues de verdad, que resulta muy subjetivo afirmarlo, pero cuando te queda una mínima convicción de que has ido más allá de tus límites das por buenos todos los sacrificios.

Mil gracias amigo por estas palabras. Te deseamos el éxito que mereces por ser un amante del arte y una grandísima persona con tus lectores y amigos.
Ángela Sánchez Vicente
La Petita Llibreria