dilluns, 10 d’agost de 2015

Una isla cualquiera



Nos encontramos con nuestro gran amigo Lur Sotuela, una de esas personas que no se muestran mucho y se inundan de un cierto anonimato para poder avocarse al cien por cien a su pasión por las letras sin ser objetivo de medios de comunicación o estar sujetos a clichés que lo alejan de su profesión entendida en su carácter más intimista.

Después de conquistarnos con “Alucinario”, “El descubrimiento de la soledad” y “Crónicas de lo imposible” donde se centra en la calidad y no tanto en la cantidad o el reconocimiento y analiza al ser humano desde un punto de vista crítico y casi caricaturesco en una prosa que engancha por su vitalidad, su dinamismo y su belleza.

De esa belleza hace gala en su poemario Una isla cualquiera, una obra un tanto diferente a lo que nos tiene acostumbrados hasta la fecha pero que conserva el sello de calidad que lo etiqueta como un autor único al que hay que tener en cuenta por su fuerte carácter introspectivo, su visión de la vida y en este caso un diálogo con el lector que se convierte en su amigo y en el interlocutor perfecto.

Realmente me gustan mucho los poemas pero estos son distintos, son la máxima expresión del valor de las palabras, una palabra dicha o no dicha, gritada o susurrada que puede desatar una revolución interior que marque un seísmo en nuestras emociones. 

Obviamente vais a sentir ese temblor, ese toqueteo de vuestras fibras que os hará comprender como unas pocas palabras os pueden limpiar la mirada o focalizarla en otro punto. 

De la mano de Nueva visión poética tenemos una versión bonita, simple y sencilla pero que viaja en clase Business hacia nuestros sentimientos.

Una vez lo leáis no seréis los mismos y quizás releeréis sus obras anteriores con otra mentalidad para darle matices antes insospechados.

¿A qué esperáis? 

ASÍ ERES TÚ

Rio, estrella, fuego indefinido…

Fuego que no sabe quemar, estrella

Que no tendrá cómo apagarse,

Río, sueño inacabado,

Que no sabrá encontrar su desembocadura,

El nombre de su final. Así eres    tú,                    

Amigo mío, hombre que caminará

Sin dónde ni cuándo, ni luz ni noche,

Ni ayer ni mañana…       

Así eres tú, hermano, así soy yo.


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