divendres, 9 de gener de 2015

Los últimos días de nuestros padres



Hoy estamos de enhorabuena dado que volvemos a hablaros de Joël Dicker, el aclamadísimo autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert que con su juventud ha conquistado al público, a la crítica y al mundo editorial que se lo rifa.

Ahora recuperamos su primera novela Los últimos días de nuestros padres en la que nos narra las aventuras y las desventuras de personajes anónimos que sufrieron la Segunda Guerra Mundial.

En este caso se sumerge en el año 1940 en el momento en que Wiston Churchill creará una sección de servicios secretos para llevar a cabo acciones de sabotaje desde el corazón de las líneas enemigas.

Por otro lado tenemos al jovencísimo Paul-Émile dejando su París natal para establecerse en Londres con la esperanza de unirse a La Resistencia. Tan grande será su instinto y su talento que será llamado por la organización de Churchill.

Después de entrenamientos y preparación serán enviados a la Francia ocupada, el espionaje alemán ya ha sido alterado.

Muy pocos son los que resisten y conocen valores tan puros como el amor, la amistad, la lealtad, el miedo y la libertad pero a la vez arriesgan demasiado su pellejo.

Fruto de un gran trabajo de documentación, investigación y dotado de una gran imparcialidad e inteligencia emocional tenemos entre manos una obra que nos narra cómo se fue desarrollando este truculento periodo histórico desde ambos puntos de vista.

En el devenir de los capítulos nos damos cuenta de la dureza de ese periodo histórico y aunque el autor lo ficcione creando unos personajes increíbles nos damos cuenta de lo que tuvieron que vivir nuestros antepasados.

Gracias a la gentileza de Alfaguara podemos desgranar un periodo histórico sangrante y a olvidar pero matizando bandos y mostrando a modo fotográfico el terror y las emociones de los que estaban en medio del conflicto.

Con tan singulares personajes de todas las nacionalidades involucradas y con diferentes creencias uno se engancha a una novela en la que el tiempo parece desvanecerse y se convierte en fotografías que se clavan en la mente y en el alma. 

Solo para acabar os dejamos con una reflexión: 

Ya lo decían los latinos “Homo homini lupus”. Con tanto poder, ambición, ansia de crecer y ser importante no miramos a los de al lado. Como mínimo podríamos aprender revisando esta historia y no repetir  errores cometidos y andar desde el hoy un camino menos traumático y más global. El cambio está en nosotros.

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